jueves, 25 de diciembre de 2008

Sambil es un auténtico atropello a una ciudad colapsada.
Autor: Iván Oliver Rugeles

Una obra de la magnitud del Sambil de la Candelaria requiere al menos de tres a cinco años para concretar apenas su proyecto integral. Ello supone franquear las consultas previas pertinentes sobre la permisología requerida, lo cual implica no solamente satisfacer los parámetros sobre densidades de construcción, usos posibles, áreas de circulación y/o de uso común, áreas máximas de uso privativo, retiros, alturas, servicios de infraestructura, electricidad y parqueaderos, entre otros, con arreglo a las Ordenanzas de Zonificación y de Construcción respectivas, sino que junto con ese trámite básico los promotores del proyecto tenían la obligación de consignar los estudios de impacto ambiental y de vialidad que permitieran conocer si, efectivamente, una obra de esa colosal magnitud pudiera ser autorizada en una ciudad que, como Caracas, lo único que demanda desde tiempo inmemorial, son muchos espacios abiertos, como plazas y parques, así como el urgente rediseño y ampliación de toda su vialidad, así como detener de un sólo plumazo ese espantoso crecimiento planeado y dirigido únicamente desde la óptica del rendimiento del suelo, para revertirlo en función de y para el ser humano...Pero es que hay aspectos mucho más graves que lo anteriores que se pasaron por alto, según hemos podido saberlo de los propios vecinos de la zona y es que tampoco se les convocó para que examinaran el proyecto, lo discutieran y emitieran su opinión, cuando es por todos sabido que ese es un requisito de consulta imprescindible, por lo que, sin lugar a dudas, hay allí una violación flagrante de las normas que dejan muy mal parados a quienes, en nombre de la Municipalidad de Caracas, otorgaron los correspondientes permisos de construcción de ese centro comercial.No conocemos el expediente del caso, pero sabemos porque ha sido del conocimiento público (la prensa lo divulgó hace no menos de seis a ochos meses), que con el mayor descaro las propias autoridades municipales dijeron, por boca de sus más altos jerarcas, que la Alcaldía no le otorgaría la cédula de habitabilidad al proyecto Sambil hasta tanto sus promotores no elaboren y presenten los estudios de impacto ambiental y vial y, agregaron, además, que una vez que fueran aprobados, debían ejecutar las obras que muy seguramente ese estudio determinaría. De manera que más allá del anuncio del presidente Chávez de solicitar al Alcalde de Caracas la expropiación del Sambil Candelaria y lo destine a otros fines del interés del colectivo caraqueño, como lo puede ser una hospital o una universidad, decisión esa que la toma en uso de las facultades que le otorgan la Constitución y leyes de la República y que, por tanto, no pueden ser discutida, salvo el monto de la indemnización, el cual queda a buen cuidado del proceso judicial que habrá de ser adelantado de conformidad como lo establece la ley de Expropiación por Causa de Utilidad Pública e Interés social, hay que mantenerse muy alertas para impedir que este tipo de garrafales errores se vuelvan a repetir.