jueves, 25 de junio de 2009

LA OEA Y CUBA: LA REVOLUCION AMERICANA EN PLENO DESARROLLO

Miguel Ángel del Pozo

El documento de la OEA acordado por consenso en San Pedro de Sula, Honduras, sobre Cuba, representa una decisión de los miembros del Cuerpo regional que marca un “antes y un después” en la Historia de América como un todo geográfico, político, ideológico y social. Decimos que “marca” porque es un documento que obliga a desarrollar su texto en función de las realidades socio-políticas y económicas de todo el continente americano no solo porque el Cuerpo está integrado por todos los países y sus gobiernos que existen en esta zona geográfica mundial, exceptuando Cuba y su gobierno popular, sino, también, porque la actualidad histórica tanto a lo interno de la propia Región americana como extra continental en las realidades de la crisis del sistema capitalista y sus efectos en las economías de los diferentes países en una realidad global, ha tenido un objetivo impacto en las sociedades y sus modos de reflexionar sobre sus propios futuros e intereses que implica, definitivamente, que las tesis que sustentaron a la “Guerra Fría” han caducado aunque las derechas continentales y extra continentales están tratando de resucitar con slogans “anticomunistas” y pro-liberales que, objetivamente, están “de mode”.

En ese mismo orden, es imperativo precisar que el desarrollo propuesto más arriba del texto consensuado en San Pedro de Sula, no implicaría la incorporación de Cuba, si así su Gobierno socialista lo decidiera, sino que es una necesidad obligatoria de los estados-miembros del Cuerpo regional que implicaría un análisis histórico de los sucesos políticos ocurridos durante su propia existencia como Organismo regional, las decisiones tomadas en el seno del Organismo por los estados miembros en concordancia con los sucesos analizados, alcanzar los resultados a que hubiera lugar con la finalidad de realizar los correctivos necesarios en la estructura del Organismo regional, y, por último, en base a esas realidades históricas y los alcances de las conclusiones aprobadas y las actuales realidades en pleno desarrollo en la Región en lo político, social, económico e ideológico, proponer, discutir y aprobar los cambios necesarios para lograr una profunda reforma del Organismo regional para convertirlo en un Cuerpo ampliamente democrático y participativo, mas objetivo en sus análisis y mas participativo en las realidades continentales.

En otro orden, podríamos aceptar que el “momento histórico” se presenta con un retraso de 47 años, 4 meses y 3 días con varias lecturas importantes y de profundo significado. ¿Qué se discutió en el seno más profundo de la OEA: el desagravio a Cuba; la dignidad de los pueblos de la Gran América; el respeto a los Derechos Humanos de los pueblos americanos a decidir sus propios destinos globales nacionales; el futuro de la propia Organización de [los] Estados Americanos? Algunas preguntas.

Dice la Carta que “…La Organización de los Estados Americanos, para realizar los principios en que se funda y cumplir sus obligaciones regionales de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, establece los siguientes propósitos esenciales…[Art. 2] Promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención…” En el texto se presentan tres realidades a destacar; la primera es la referencia a la Carta de la Naciones Unidas, organismo internacional en el cual la República de Cuba es miembro pleno. La segunda realidad es la referencia a “…promover y consolidar la democracia representativa…”, es decir, el concepto político-ideológico de “democracia participativa” (Wikipedia: “…Democracia participativa o semidirecta es una expresión amplia, que se suele referir a formas de democracia en las que los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa…) está, evidentemente, excluido en la normativa de la Carta a los estados americanos cuyos pueblos sustenten sus realidades político-sociales y económicas en esas tesis de participación social en lo global nacional; la tercera realidad se refiere a los objetivos de “…promover y consolidar…” la “democracia representativa” con el obligante “…respeto al principio de no intervención [en los asuntos internos de los estados miembros]…” La simple lectura de lo arriba expuesto, nos lleva a la simple conclusión que la Carta de la OEA debe y tiene que ser reforma en función de las realidades socio-políticas actuales de todos las voluntades de los pueblos en todo el continente americano.

En la acera de enfrente, se han publicado dos opiniones y análisis de Elsa Cardozo (“¿Y ahora?”. El Nacional, 7 de junio, 2009, pág. Opiniòn.13) y de Frank López Ballesteros (“La OEA sobrevive al escollo de Cuba”. El Universal, 7 de junio, 2009, pág. Internacional, 1-15), básicamente, ambos artículos con semejantes argumentos y en concordancia con lo expuesto por la delegación de los Estados Unidos de América en la persona del Embajador Thomas Shannon y del representante de la Casa Blanca para América Latina, señor Restrepo, al decir: "La participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA" y "Que la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA".

Pareciera que el tema a discutir es: ¿Cuál OEA del siglo XXI se espera ejerza sus funciones como organismo internacional-regional y bajo que paradigmas político-jurídico-ideológicos sustentarán sus directrices y decisiones? El texto de la frase expuesta por Shannon en su discurso de cierre y aceptación al consenso aprobado por aclamación trata de desviar lo que es, en última instancia, el fondo de la discusión que se desarrolló durante el arduo debate que provocó las salidas de los Cancilleres de Brasil y Méjico y la necesaria ausencia frente al fracaso de las tradicionales políticas aplicadas por la Casa Blanca en la Historia de la OEA de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. Enfocar, solamente, el “tema Cuba”, la aprobación por consenso del tema en cuestión, y las “condiciones” expresadas por la delegación norteamericana sobre un supuesto negado y expresado por La Habana sobre su incorporación al seno de la OEA como miembro, es seguir tratándonos como “infantiles en crecimiento” a los pueblos y gobiernos de los países miembros. Hugo Rafael Chávez Frías lo expresó: “El tema OEA no está cerrado sino que es ahora cuando comienzan las batallas que los países americanos van a tener que desarrollar para la transformación de la OEA como organismo regional” (no son exactamente sus palabras pero consideramos que son sus ideas expresadas entre líneas).

Cabe la pregunta: ¿Cuál es la Historia de la OEA desde su fundación hasta San Pedro de Sula?

delpozo14@gmail.com